Cuando
uno lee con desgana la noticia del nuevo Premio Nobel
o del último Premio Nacional de Narrativa y no
le entra ya ni risa, ni se molesta en escribir unas líneas
para malmeter y envuelve el bocadillo de salmón
ahumado con la página del periódico; cuando
a uno le van a decir a quién le ha tocado el Premio
Planeta y prefiere saber cómo va el mundial de
automovilismo, sólo queda plantearse si por fin
habrá sucedido que uno ha llegado a sentir ese
primer frío de la vejez, que es más terrible
que el de la muerte, como más o menos- hizo
decir Ramón del Valle Inclán al Marqués
de Bradomín. Pero no debe ser, porque uno desenvuelve
el bocadillo, se sirve un champán gélido,
tira el papel del periódico a la basura y se dice,
"vamos a hacer el periódico de la nueva literatura",
y crea IRREVERENTES, lo cual no es síntoma de senectud,
sino de ganas de que comience una buena guerra, una guerra
de las de antes, con bayonetas, trincheras y novias de
guerra con fotos viradas al sepia. ¡Aquellas guerras
que inspiraron denostadas vanguardias!
Y
como para hacer una guerra hacen falta guerreros, decidimos
arrejuntarnos en pecado escritores jóvenes, pero
como dijo alguien en un periódico con el que envolvimos
un bocadillo un lejano día, los jóvenes
de hoy, ¿dónde están? En cualquier
sitio en editoriales pequeñas, en revistas
atrincheradas, en cualquier sitio menos en el catálogo
de una editorial consecuente. Consecuente con su balance
presupuestario, que dijo aquel redactor que habrán
prejubilado, por lúcido. El último escritor
que apareció por una editorial como dios manda
fue detenido y llevado ante el juez. ¡Que pague
por ello!
Así
pues somos sólo escritores que amamos la palabra,
dar forma a la vida, violarla y sufrirla, deconstruirla
y reconstruirla, quererla y odiarla. Somos eso que en
un tiempo se llamó escritores, gente modesta que
reescribe la realidad para que algún día
alguien con exceso de tiempo libre sepa cómo fue
este tiempo efímero, porque si busca en los medios
prestigiosos verá sólo las manchas de embutido
del bocadillo. Somos perros que buscan la verdad, cínicos.
Somos Irreverentes que llevan la antorcha de la literatura
a los antros en losque un águila en forma de perverso
camarero les destroza el hígado cada noche.
En
las fotos que ilustran estas líneas se nosp uede
ver reunidos en El Espejo, en Madrid, a parte de los escritores
que hemos creado Irreverentes; Rafael Domínguez,
Carmen Matutes, José Enrique Canabal, Antonio López
del Moral, Francisco Legaz, Eduardo Campos y Miguel Angel
de Rus, quien es además el director del Periódico.
El
periódico está desde el 1 de diciembre en
las principales librerías de España, sobre
la mesa de escritores, críticos, gestores dedicados
a la cultura, lectores y en PDF en esta web, http://www.edicionesirreverentes.com.
En lso próximos días comenzará a
enviarse por correo electrónico a más de
1000 escritores de toda América.
Pasen y lean,
si quieren.
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