La raza de los malditos
de Marcel Proust
(Narrativa, 28)
La
raza de los malditos es una antología
de textos de Marcel Proust que tienen como nexo
de unión dos temas centrales: la homosexualidad
y las relaciones con la madre.
Sin los salones lujosos, sin la homosexualidad
masculina, sin el lesbianismo, sin las muchachas
en flor amadas en la lejanía, en el recuerdo,
en su intangibilidad, sin la omnipresencia de
la madre, sin los bailes de la nobleza, no hubiera
existido Marcel Proust, (1871-1922) el escritor
que le dio el pistoletazo en la sien a la novela
decimonónica para dar por inaugurada
la novela del S.XX. En los relatos recogidos
en La raza de los malditos se encuentra
su explicación de la homosexualidad masculina,
del lesbianismo, la extraña relación
con su madre, tótem sagrado y burlón
sin cuya presencia hubiera sido incapaz incluso
de pedir el té a la servidumbre, y su
amor por la mujer en flor, joven, bella, delicada,
pura, intangible y lejana, un amor incomprensible
para el hombre-hombre, pero quizá el
único para el hombre-artista-espectador,
que vivió hacia adentro y que imaginamos
protegido por las paredes de su casa, por los
trajes lujosos, por las amistades aristocráticas,
por las refinadas costumbres decimonónicas
y los refinados pecados.
Afirma Francisco Umbral, Me gusta tanto
Proust que no entiendo a los que leen otras
novelas. Del tintero de Proust nace toda la
novela del siglo XX. De los relatos de
La raza de los malditos nace la
comprensión de los siete volúmenes
de La recherche y de muchos de los
principales fantasmas de la literatura del S.XX.
El siglo XX sufrió, de la tinta de Proust,
una de las primeras convulsiones que habría
de sobrellevar, pero por el contrario de lo
que posteriormente habría de suceder,
la que Proust provocó fue una convulsión
tan dulce como un exquisito té aromatizado
por el perfume de las rosas frescas que había
puesto en un jarrón una joven viuda a
la que amar sin rozar apenas su piel.
Si bien La recherche, en sus miles
de páginas de imágenes literarias
es una de las obras que nos parecen de lectura
imposible de obviar, no lo son menos sus relatos
de juventud y aquellos que escribió en
plena madurez, una selección de los cuales
están recogidos en este La raza
de los malditos. Afirma Proust en uno
de sus relatos, ante la confesión del
lesbianismo de la mujer amada por supuesto,
platónicamente- no hay una jerarquía
establecida entre los amores estériles
y no resulta menos moral o en todo caso,
no es más inmoral- que una mujer encuentre
placer en una relación con otra mujer,
que el hecho de que un hombre pueda encontrarlo
en la relación con otro hombre.
Pero quizá, el pecado en la obra de Marcel
Proust no sea sino excusa, decorado para embellecer
una vida que a cualquier sensibilidad depurada
ha de resultar, por fuerza, insatisfactoria;
Quizás aquellas impresiones me
permitan también la delicia de tener
un placer imaginado, un placer irreal, el único
placer verdadero de los poetas.
Más importante que el goce físico
de un amor es soñarlo; la imaginación
está por encima de la realidad. Como
dijo Proust, la imaginación tiene una
clara superioridad sobre las realidades
de nuestra vida, incluso las de la inteligencia,
de la pasión y del sentimiento. Pero
esa superioridad es tan cierta que es casi lo
único de lo que no podemos dudar.
Como afirmó Proust no podemos ver
simultáneamente las cosas con el espíritu
y los sentidos.
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