La noche en que el pueblo
me quiso matar
Antonio López Alonso
(Narrativa, 26)
Antonio López Alonso,
al modo de Bulgakov en su Morfina,
hace en La noche en la que el pueblo me
quiso matar su primera novela tras
una extensa obra dedicada al ensayo, el teatro
y la poesía- una descripción apasionante
de la vida rural y de las traumáticas
experiencias de un médico criado en el
entorno urbano, que se enfrenta a un mundo tan
cercano como desconocido. Un error médico,
una muerte en un parto, el miedo, las drogas
como única salida, la muerte que espera
omnipresente, una muerte anunciada, en la que
el pueblo entero quiere tomar parte, son las
claves de esta novela que nos recuerda que la
llamada civilización no es sino un ligero
barniz que apenas tapa las impurezas de la condición
humana, nuestra propensión a la violencia
y a la venganza.
El entorno descrito por López Alonso
es opresivo, no es una mirada bucólica
sobre el campo, sobre sus gentes, sino la mirada
profunda del que ve no la realidad del turista
de fin de semana, sino del autor que traspasa
la piel de las personas para mirar en su inrerior.
López
Alonso, como Bulgakov, contrapone en
esta novela la energía del hombre de
ciencia con el mundo de la inercia, de la incultura,
de las tinieblas. Aunque el lector crea saber
hacia qué desenlace se encamina, no podrá
evitar pasar la página una y otra vez
en busca de la verdad sospechada, esa verdad
que por políticamente incorrecta, nos
queremos ocultar a nosotros mismos.
Ediciones Irreverentes inició su colección
Aqueronte, de historia, con el extraordinario
estudio sobre Carlos
II, El Hechizado de Antonio López
Alonso, un absoluto éxito de crítica
muy bien recibido por los lectores, en el que
describía la infancia y adolescencia
del malhadado rey, sus enfermedades, que llevaron
al pueblo a creer que estaba hechizado; las
intrigas cortesanas a que se vio sometido; sus
desgraciados matrimonios con María Luisa
de Orleans y con María Ana de Neoburgo
y cómo nada pudieron hacer por él
ni la medicina tradicional, ni la alternativa,
ni los exorcismos que tuvo que sufrir en tiempos
de oscurantismo en la que las supersticiones
religiosas luchaban contra los avances de la
ciencia.
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