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Si
bien suele afirmarse con una cierta ligereza que el hombre
(varón) no sabe qué papel tiene en la actualidad
ante la nueva sexualidad de la mujer y su inclusión
en el mercado laboral al 50% (a golpe de Ley, como en
las mejores dictaduras), lo cierto es que este proceso
de descolocación masculina proviene de antes; de
la quema de sostenes en Estados Unidos en los años
60; de la suplantación de los hombres por las mujeres
en las fábricas durante la segunda guerra mundial
-ya que los hombres estaban en el frente-; de la moda
macrada por Coco Chanel, con mujeres deportistas, de faldas
mínimas, bronceadas
Incluso algún erudito podría decir que la
incomprensión de hombres y mujeres proviene de
la Edad Media y de las llamadas Cortes de Amor. Nacido
en Francia y expandido con rapidez por toda Europa, el
amor cortés tuvo en Leonor de Aquitania y su hija
María de Champagne a sus dos grandes alentadoras;
en Chretién des Troyes y Bernard de Ventadour a
sus principales poetas y en el clérigo André
le Chapelain, Dios le haya perdonado, al autor de sus
reglas. Si bien poesía caballeresca dejó
obras interesantes, también dio pie a comportamientos
absurdos por parte de los hombres de la época,
que serían un verdadero placer para cualquier psiquiatra
actual. Fernando Fernán Gómez ya satirizó
aquel amor, que aún perdura, en su gran novela
"El mal amor"
Pero es a partir de finales del S.XIX cuando los escritores
buscan mujeres que nada tengan que ver con la realidad
pero que resulten más comprensibles, más
amables, masplenas, incluso en su condición de
mujeres no-reales; es el caso de la novela con la que
Antonio Gómez Rufo acaba de ganar el Premio de
Novela Ciudad Ducal de Loeches, "El
señor de Cheshire", una divertidísima
historia en la que el sobrino del autor de "Alicia
en el País de las Maravillas" está
en cárcel por su desmedido amor por las niñas
y como remedio a su soledad pide que le fabriquen una
mujer exactamente igual a las reales. Por cierto, Antonio
Gómez Rufo tiene en su casa un maniquí femenino,
muy guapo, al que al apretarle en la mano, gime
¿Similitud entre la realidad y la obra creativa?
La
historia es idea original de Luis García Berlanga,
quien ya en su película "Tamaño natural"
(1973) se planteó, junto a Rafael Azcona, relatar
la historia de un hombre enamorado de una muñeca
y finalmente, recrear el terrible juego de quien proyecta
en la muñeca todos sus amores y desencantos.
En "El
Señor de Cheshire" Gómez Rufo se
distancia de Berlanga, ya que si bien el protagonista
de Tamaño natural no es un depravado, sino un simple
dentista aburrido y harto del tacto de la carne humana,
en "El señor de Cheshire", Gómez
Rufo nos muestra a un perverso en el sentido más
amplio del término, que necesita una muñeca
con todas sus hendiduras para saciarse en ella y a la
que contar sus sueños sádicos; una verdadera
compañera para lo bueno y lo malo. El libro, de
reciente aparición en Ediciones Irreverentes, sin
duda cautivará a todos aquellos que añoran
los primeros tiempos de La Sonrisa Vertical. Ya que no
comprendemos a las mujeres, vaciamos nuestro organismo
en algo semejante, pero que no nos inquiete.
Algo similar vinieron a decir los franceses Pascal Bruckner
y Finkielkraut en su ensayo "El Nuevo desorden amoroso";
el hombre ya no reconoce a la mujer de toda la vida, por
lo que surgen las rupturas familiares, los amores y fidelidades
sucesivas, la homosexualidad (¿para qué
enamorarse de una mujer que tienen los mismo defectos
y virtudes de otro hombre?)
El comportamiento afectivo
desordenado del hombre viene, en realidad, de su incomprensión
del nuevo modelo de mujer. Y esa comprensión no
se dará en una o dos generaciones.
Pero quien primero avisó de lo que se avecinaba
fue, a finales del S.XIX, Villiers de l'Isle Adam, quien
escribía en el suelo, ya que no tenía ni
siquiera una mesa, mezclando tinta con agua, en papeles
usados, su "Eva Futura", una de las más
grandes novelas del siglo. Villiers creaba a un Edison
equiparable a Dios, capaz de fabricar una mujer perfecta,
mientras él apenas tenia qué comer. Un hombre
desengañado por la frivolidad de una mujer, por
su alma vacía, decide suicidarse, pero Edison crea
para él una mujer bella e inteligente
milagros
de la electrónica. Pero cuando su amor sea más
grande y bello, Dios no perdona que el hombre ose retarle
y destruye en una tempestad en el mar, la mayor Creación
del ser humano. Era la primera gran obra en la que el
hombre se enfrenta a Dios por la mujer perfecta.
La mujer-muñeca ha proliferado desde entonces en
la literatura mundial y en otras artes. Al mito griego
de Pigmalión (la mujer creada por el hombre) siguieron
el de Bernard Shaw y el del español Edgar Neville.
En una línea similar -la creación de la
mujer perfecta ante la desolación que produce la
incomprensión de la real- Merimée escribió
"La Venus de Ille", aunque su estatuta en lugar
de amar al creador acaba por destrozarlo entre sus brazos
de bronces, lo que demuestra que las ideas y temores de
cada autor quedan reflejadas en su obra.
En todos estos casos, los creadores buscan en la mujer
de su fantasía algo que la vida es incapaz de darles.
Incluso Francisco de Goya creó una obra basada
en este mito, que se exhibe en el Museo Paul Getty, sin
olvidar a pintores como Burne-Jones o Gerôme, que
recrearon esa mujer inventada, o a obras de animación
como "La clavecinista" de Jaqet-Droz que se
exhibe en el museo de Nauchâtel.
¿Por qué el varón inventa mujeres
tan distintas de la realidad? (y si alguien va al cine
comprobará que el parecido de las actrices con
las mujeres verdaderas es ínfimo, por no hablar
de las modelos y sus tallas imposibles). Porque, en realidad,
estas mujeres se alimentan de las carencias de sus autores,
de sus necesidades no satisfechas, o en el caso de Olimpia,
de la neurosis de su enamorado. Y es curioso, que una
gran parte de estas creaciones provengan del Romanticismo,
de autores como Hoffmann, o de Villiers de L'isle Adam,
quien en su relato "Vera", quizá el mejor
relato decimonónico, ante la amada muerta y sus
llantos pidiendo que su amor sea eterno, lo único
que consigue es que al cadáver de la amada se le
caiga de una mano la llave de la tumba. Parece obsesivo
en este autor; sólo hay un amor eterno, el que
nace con la muerte.
La
mujer-muñeca en el cine
No
sólo Luis García Berlanga ha dado vida a
una autómata femenina; junto a "Tamaño
natural" encontramos películas como ""Casanova"
de Fellini, en la que el amante, ofuscado por un mundo
de groseros, incultos, zafios, violentos, ve como se afrenta
a una muñeca y sale en su defensa. Tras salvarla,
la considera la única mujer capaz de recibir sus
confidencias y su pasión. Y, para no extendernos
con las mujeres artificiales (y amadas) en el cine, tomemos
el ejemplo de la película "Los crímenes
del museo de cera", de André de Toth, en la
que se trata el tema del amor a la muñeca de cera
o a las muñecas de cera, porque a todas las trata
como a sus hijas
.carnales. Pedro Olea creó
en "No es bueno que el hombre esté solo"
una interesante historia en la que López Vázquez
sustituye a su mujer, muerta, por una muñeca.
Y todo ello sin olvidar la canción que Juan Manuel
Serrat dedicó a aquel hombre que robó un
maniquí de mujer al que dio todo su amor.
Mujeres
de madera y de cera en la literatura del S.XX
Si
bien Antonio Gómez Rufo ha logrado con "El
señor de Cheshire" una obra cumbre del
humor y el erotismo, no hay que olvidar que algunos escritores
españoles ya habían jugado con la idea de
la mujer-irreal como pareja. Ramón Gómez
de la Serna, en su "Huida hacia el pueblo de las
muñecas de cera", muestra a un hombre casado
con una muñeca, basándose en algo reclamado
constantemente por él; el derecho que tiene todo
el mundo a hacer lo que le de la gana.
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Sentados,
de izquierda a derecha: Antonio Gómez Rufo
y Luis García Berlanga. De pie, Miguel
Ángel de Rus.
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Cuando
yo escribí "Bäsle,
mi sangre, mi alma", más que hablar de
los amores de Mozart con su oprima Maria Thekla pretendía
hablar de cómo un descendiente del pintor reinventa
una amor propio por medio de la ficción de un amor
que fue real en el caso de Mozart pero del que poco se
sabía. En realidad, todos estos amores con mujeres
inexistentes parecen no querer sino ser eslabones en la
búsqueda de un ideal que sabemos que nunca vamos
a encontrar.
Y Gutiérrez Solana, unos de los principales pintores
del S.XX, al final de su vida, se pinta en retrato junto
a una mujer y una niña -en situación familiar
y cariñosa- que parecen maniquíes más
que personas. El macho de la especie no está satisfecho
de la mujer que conoce y busca otra realidad.
El cambio social de la mujer en el S.XX ha acentuado esta
obsesión, especialmente su incorporación
al mercado laboral. Según un estudio sobre "Conciliación
Familiar y Laboral", (los hombres del Poder buscan
nombres lo más cursis posibles) la tasa de empleo
femenino global es del 50,6% en España y disminuye
al 47,6% cuando se tiene el primer hijo. Es la tasa más
baja de Europa junto a Grecia. Así pues, las relaciones
amorosas en Europa están marcadas por las jornadas
laborales. ¿Quiere el hombre actual una compañera
en casa o una profesional que aporte ingresos a la familia?
¿Es la misma relación entre el hombre y
la mujer cuando uno trabaja y la otra es la responsable
de la familia y cuando ambos son obreros? ¿Es la
misma mujer la que trabaja en la cadena de montaje de
una fábrica de coches y la mujer dedicada a "sus
labores"?
En "El
señor de Cheshire" queda clara la postura
de Antonio Gómez Rufo; todos los hombres de la
novela se pegan por la muñeca y por la modelo que
le prestó sus formas; y las mujeres se pegan por
"otro" hombre.
En realidad, quizá el problema está en que
siempre deseamos otra cosa; aquello que no tenemos.
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