Francisco Umbral
La Resistencia
al Franquismo estaba en el café Gijón, un lugar
en el que nunca entraba la policía
Francisco Umbral tiene el pelo
largo, la mirada corta, la bufanda larga, la faringitis crónica,
la sonrisa falsa, la piel blanca, la prosa ligera y el alma
de nardo del árabe español, como él mismo
se define en el Diccionario
para pobres, publicado por Ediciones Irreverentes.
El propio Umbral ironiza sobre su obra Aparte de escribir
diccionarios subversivos, Francisco Umbral escribe libros,
artículos, poemas y hace pintadas por horas a precio
fijo. Es un esclavo de la pluma y de la brocha Los críticos
dicen que tiene buena pluma, pero lo que tiene es buena brocha,
es un estilista de la brocha.
Umbral, (Madrid, 1935), iniciado como periodista bajo el magisterio
de Miguel Delibes, es autor de libros como Diario de
un snob, Las ninfas, (Premio Nadal, 1975),
Carta a una chica progre, Memorias de
un niño de derechas, Iba yo a buscar el
pan, Mortal y rosa, La noche que llegué
al café Gijón, o La leyenda del
César visionario, (Premio de la Crítica,
1992). Desde su columna diaria en El Mundo sienta cátedra
y crea opinión. Fustigador de gobernantes, satírico
y barroco, es tan importante para entender la España
del siglo XX como Larra lo fue para comprender el XIX.
En 1996 recibió el Premio Príncipe de Asturias,
en 1997 el Premio Nacional de las Letras, y en el año
2000 el Premio Cervantes. Es autor de más de 80 libros.
P.- Confieso mi predilección por la
época en la que escribió Diario de un
snob, Las ninfas, Diccionario
para pobres, Carta
a una chica progre, Memorias de un niño
de derechas
¿Estoy anticuado, es lógico
que me interese aquella época, los años 70 le
aportaron un valor añadido a su obra?
R.- Es lógico. De pronto viene la libertad, de golpe.
Los que escribíamos empezábamos con unos márgenes
de libertad que nos emborracharon a todos. Con ese enorme
ámbito que nos brindaba la libertad se potenció
la literatura, que necesita libertad. Luego ya nos hemos acostumbrado
a escribir en libertad. Ahora
no es que haya menos libertad
que antes
sino condicionamientos sociales y empresariales;
quizá en una revista no se pueda decir una cosa u otra,
y en otro diario no se puedan decir otras cosas
pero
al menos no hay una censura oficial, del Estado.
P.- Se ha hecho una nueva edición de su Diccionario
para pobres, publicado al poco de morir Franco y
desde entonces desaparecido. Dicen los críticos que
es el mejor Umbral, el más ácido y divertido.
R.- En ese libro y en esa época hay un impulso de libertad,
un viento de libertad que hace navegar el barco con mas fuerza,
belleza y violencia.
P.- En el Diccionario
para pobres ya predijo la dictadura de las tecnologías
y que los ordenadores serían usados para controlarnos,
como hace ahora Estados Unidos, que con la excusa del atentado
a las Torres Gemelas ha anunciado que controlará Internet.
R.- No es que sea adivino. Decía Camilo José
Cela que el oficio de profeta está muy desprestigiado.
El control de las máquinas, la evolución del
mecanicismo era algo que se veía venir. El triunfo
de la máquina en una sociedad tecnologizada era algo
previsible.
P.- ¿Ha sido usted seductor o me lo parece?
R.- He conocido muchas mujeres en mi vida. Las mujeres acuden
al escritor
las mujeres son un poco niñas, ingenuas,
infantiles
y se deslumbra con una cosa que brilla que
a los mejor resulta ser una sortija de hojalata. Las deslumbra
el triunfador, en cualquier cosa. Yo lo comprobé; intenté
ligar de muy joven con resultados nefastos
menos mal
que estaban las putas franquistas, que eran muy decentes y
muy limpias
Pero desde que comencé a escribir
y a salir en los periódicos las mujeres han acudido
a mí con bastante fluidez.
P.- Tiene un especial aprecio a su libro Carta abierta a una
chica progre.
R.- Te miro en tu provincia de tedio y plateresco
Aún
recuerdo el principio del libro, y han pasado treinta años
desde que lo escribí. Creo que es uno de mis libros
más literarios, uno de los libros en los que puse más
cariño. A pesar del paso del tiempo sigue vigente,
la realidad no ha cambiado, ahora la chica progre tiene otros
deseos, otra estética, pero esas chicas jóvenes
que vienen a Madrid a comerse el mundo siguen siendo aquella
chica progre y siguen teniendo parecidos problemas.
P.- Aunque ahora la chica progre es una mujer que ocupa puestos
importantes en empresas e incluso en el Estado.
R.- Ya hay mujeres ministras, mujeres que ocupan cargos en
la justicia, mujeres toreras, e incluso una mujer oficial
de la guardia civil. La incorporación de la mujer en
todos los estamentos y trabajos es un signo de civilidad,
porque una sociedad no funciona razonablemente sin todos sus
individuos inmersos en un proyecto común. Sólo
la Iglesia sigue enquistada en su rechazo de la mujer, lo
cual considero que es reaccionario.
P.- ¿Sus lectores le consideran un hombre de izquierdas?
R.- Sé lo que piensan de mí porque me lo dice
por la calle la gente que me para constantemente. La gente
me lee como autor de izquierdas; los sitios de donde me reclaman
son los Ateneos XXI
son ateneos de jóvenes marxistas.
Se reúne una gente cojonuda, los jóvenes que
no son los de la litrona. Por allí hemos pasado Vázquez
Montalbán, Fernando Savater y yo, que somos una generación
claramente de izquierdas.
P.- En su Diccionario para pobres y en su República
bananera USA avisa que la crisis de crecimiento de Estados
Unidos las soluciona con napalm que proporcionan a los demás.
¿EEUU es el Imperio?
R.- La influencia de Estados Unidos es inmensa e impuesta.
Es una presión tremenda en lo comercial, en aspectos
como el petróleo. Su poder nos viene impuesto, pero
a la sociedad le gusta vivir al modo yanqui. Llevamos pantalones
vaqueros, bebemos cola, vemos cine de Hollywood, que nos gusta
más que el europeo. Estamos colonizados sentimentalmente
por EEUU, vivimos en pleno American way of life.
P.- En su libro República
bananera USA se refleja que como respuesta a los
atentados contra las torres gemelas de Nueva York, EEUU ha
masacrado al pueblo afgano, igual que antes lo hiciera con
el iraquí, con Vietnam o en los territorios de la antigua
Yugoslavia. ¿La vida vale menos que otros momentos
de la historia?
R.- La vida humana nunca se ha respetado. No respetó
la vida humana Napoleón, no lo hizo Hitler, no lo hizo
Julio César, la falta de respeto por la vida no es
nueva, nunca ha existido. Lo que sucede es que hay más
facilidad para que maten quienes tienen las grandes armas
de destrucción masiva. Hay otros que hacen la guerra
con piedras.
P.- Usted acusó a Bush en uno de sus artículos
publicados en República
bananera USA de haber pasado a Goebbels por la derecha
y plantea la guerra entre EEUU y Afganistán como una
guerra que dura milenios y que no es sino el anticipo de una
nueva guerra mundial.
R.- Un Imperio no admite otra actitud o pose que la Victoria.
Vivíamos en paz mientras felaban a Clinton, pero la
paz no es productiva y no se puede seguir calcando al obreraje
con los bajos salarios. La guerra es la única fuente
pacífica de dinero, como ya lo dijera Heidegger: «La
guerra es la paternidad de todas las cosas». El pensador
de la Selva Negra era un nazi inspirado. Marinetti había
dicho que «la guerra es la única salud del mundo».
Bush no los ha leído, ni puta falta, pero no otra ha
sido la política USA a lo largo de los tiempos, desde
que yo vi fascinado la primera peli de la guerra de Corea:
la guerra como paternidad de todas las cosas.
P.- De los autores españoles que escribieron durante
el Franquismo ¿cuántos habrían sido alguien
en una España normal?
R.- Durante el Franquismo hay un caso claro de sociología
literaria. Durante 40 años un escritor que hiciera
oposición al Franquismo, con un cierto talento, tenía
el éxito asegurado, respeto y dinero
y la difusión
en Europa, sobre todo en Francia, y en Hispanoamérica.
A autores como Buero Vallejo o Lauro Olmo su prestigio les
viene de su antifranquismo. Hay otros grandes escritores que
mantienen la misma posición; la poesía social,
José Hierro, Blas de Otero
En aquellos tiempos
la Resistencia estaba en el café Gijón, un lugar
en el que nunca entraba la policía.
Libros de UMBRAL publicados
en Ediciones Irreverentes
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