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ALONSO DE SANTOS
ALONSO DE SANTOS

España es Telebasura


José Luis Alonso de Santos, después de más de dos décadas de éxitos como autor teatral comenzó una nueva etapa como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con montajes de tanto éxito como “El burlador de Sevilla” o “Peribañez y el comendador de Ocaña”. Al mismo tiempo ha publicado un divertidísimo monólogo convertido en novela,
“El Romano”. En su carrera como autor hay títulos que se han convertido en esenciales para comprender el teatro español contemporáneo, como “Bajarse al moro”, “El álbum familiar” o “La estanquera de Vallecas”.

P.- Ha sido publicada “El romano”, una de sus primeras obras teatrales, quizá de las más destacadas, que llevó a la escena Rafael Alvarez, El Brujo.

R.- “El Romano” es un monólogo o novela corta escrita para ser leída, fruto de numerosas correcciones y reelaboraciones, la historia de un pueblerino que sólo ha leído un libro en su vida, de romanos, y la casualidad le brinda la ocasión de dar una charla sobre el Imperio Romano. Todos tenemos una conferencia en el alma que queremos dar a alguien, incluso nos casamos para que nos la escuchen, y cuando hartamos a nuestro oyente, surge la separación y vamos a darle la charla a otro. “El Romano”, que fue llevada a escena por 'El Brujo' en 1983 y que se publica ahora por primera vez, desnuda las miserias del Imperio Romano, que no son otras que las de nuestro tiempo. La explicación del mundo está en el Imperio Romano, porque estudiarlo significa estudiar la historia de todos los imperios, de cómo se forman y se derrumban. El imperio romano se parece mucho al imperio norteamericano. Los romanos para defenderse tomaron una región, luego Italia, luego todo el Mediterráneo, toda África. Para defenderse tomaron todo el mundo. Pero no tomaron ni Germania ni lo que ahora es Iraq, y cayeron. Ahora Estados Unidos también ha tomado Iraq. Es el mismo modelo bélico, imperialista.

P.- “El Romano” , como todas sus obras, en realidad trata de la lucha del hombre contra la realidad.

R.- El libro cuenta la situación y sensaciones del pequeño hombre frente al mundo, frente a la inmensa montaña de la vida, es en realidad la historia de un perdedor e ingenuo. Tenemos conciencia de las dolencias de nuestro cuerpo, pero no de que estamos profundamente locos. Soy un pequeño hombre ante la montaña del mundo; no intento subirla, sólo la miro y escribo.

P.- Y al final queda, el sabor amargo de la derrota.

R.- La historia es lo que es, otra cosa es lo que nos hubiera gustado que fuera.

P.- ¿Cómo surge el proceso de convertir una obra teatral en novela?

R.- Comencé a convertir esta historia en una novela en un momento en que padeció mal de vértigo. Me tuve que quedar recluido en casa y comencé a trabajarla con una entera dedicación. Así que “El Romano” es fruto de la alucinación, de la enfermedad y también es algo contracultural, borde, agresivo y fuera de los sistemas. Yo era del teatro irreverente, más irreverente que ahora.

P.- En “El Romano” se aprecia muy claramente la personalidad de Alonso de Santos.

R.- Mi meta es la de crear una mirada particular, una forma de hablar cervantina, sencilla, directa y con cierto encanto que posibilite la comunicación con los demás.

P.- ¿No le gustaría que El Brujo volviera a llevar “El Romano” a escena?

R.- Aunque no descarto que en un futuro la obra se lleve al teatro, escribí “El Romano” pensando en el lector. El escenario pertenece al mundo del arte y los libros al de la cultura.

P.- A usted, a lo largo de su obra, le ha preocupado mucho la figura del perdedor.

R.- Sí. El protagonista de “El Romano” está preocupado de que no se pueda vivir de la cultura, de que estén todos enchufados. En realidad se trata de la situación del descolocado, del que acaba enloqueciendo. Es un juego entre lo cervantino, lo directo y el encanto.

P.- En ciudades como Madrid, por la tarde, o das una conferencia o te la dan.

R.- Sí, hay una superficialidad, una ingenuidad del mensaje cultural. Todo el que ha leído un libro da una conferencia. Cada español lleva dentro un sacerdote o un conferenciante; en cuanto los otros se descuidan soltamos a los demás nuestra verdad. Antes hacíamos teatro miles y muy pocos vivían de él. Ahora hacemos teatro y viven de él muchos; profesores, críticos… Hay una superficialidad muy grande en la vida cultural. No es que en España haya telebasura, sino que España es Telebasura.

P.- Una definición fuerte.

R.- Una cosa es lo que se es y otra lo que nos gustaría ser.

 
 
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