
MARIO BENEDETTI
Ahora se sabe que en Europa manda Estados
Unidos
Mario Benedetti ha publicado en Ediciones Irreverentes su extraordinaria
colección de relatos Del
amor y del exilio.
Posteriormente publicó
un libro de haikus. ¿La razón del
cambio? Se aclara al escuchar de boca del autor las palabras
que le llevaron a estudiar las costumbres y raíces culturales
chinas. Fueron dichas por un haiku del siglo XVI y recogidas
en un libro de Cortázar. Rezan lo siguiente: este
camino ya nadie lo recorrerá, salvo el crepúesculo.
P.- ¿Qué le
sedujo de estas palabras?
R.- Me sedujo que en tan poco espacio se pudiera decir algo
tan hermoso.
P. -Usted dedicó un poema a criticar el supuesto fin
de la historia de Fukuyama y parece que se cumplen sus predicciones,
ahora que Occidente vuelve su cara más que nunca a Iberoamérica,
Asia y a la cultura árabe para beber de su creatividad.
R.- Un poema no sale a la conquista de ideologías; es
una partícula íntima. No creo que un poema pueda
voltear una dictadura o cambiar una ideología, porque
va de individuo a individuo. Los cambios los produce la gente,
porque los gobernantes no dan importancia a la cultura: la tiran
por la borda.
P.- ¿La cultura ha salido de la clandestinidad en Iberoamérica?
R.- En algunos países, sí, por supuesto, pero
en general, la cultura no tiene importancia para los gobernantes.
P.- A usted le preocupa especialmente el papel de Estados Unidos
en Iberoamérica.
R.- Sí, porque sufrimos una influencia tremenda: invasiones,
los intereses con los que han encerrado la economía iberoamericana.
Nosotros sabemos qué representa Estados Unidos y qué
mal hace. Ahora los saben los europeos, después de la
intervención de Estados Unidos en Europa, de los bombardeos
y de las muertes de europeos, la cosa queda más clara.
Ahora se sabe que en Europa manda Estados Unidos. Son los dueños
y señores de la guerra. Si la humanidad sigue el camino
marcado por Estados Unidos, va hacia el suicidio... Cada vez
es más difícil parar su invasión, tanto
económica, como política o militar. La única
posibilidad es que los propios norteamericanos venzan a Estados
Unidos. Ellos defienden los derechos humanos dentro de sus fronteras,
pero los violan fuera. La globalización de la hipocresía
rige el mundo.
P. - En su obra se ve una clara obsesión por la dictadura.
R. -Las huellas que deja una dictadura no se curan, pero hay
momento de más urgencia y momentos de más calma.
Que permiten analizar cómo llegó, cómo
se desenvolvió todo. Se ve con claridad los defectos
que llevaron a la extrema derecha a esa actitud, cómo
convirtieron a los militares en torturadores, en asesinos, pero
se aprende a ver también los defectos propios como ciudadano.
P.- Con el realismo sucio, el espíritu desaparece de
la narrativa. ¿Cree en la espiritualidad en el arte?
R.- Sí, claro. Y creo que la realidad debería
espiritualizarse, es demasiado grosera. Al ver los noticiarios
todo es soez, duro. La realidad se ha pervertido, corrompido.
Para que la creación sea espiritual hay que convertir
a la sociedad en espiritual.
P.- ¿Se considera irreverente?
R.- Si se considera irreverente luchar contra lo que no es digno
de respeto, diré que por distinta circunstancias he tenido
que luchar contra el poder. Incluso se escribió una biografía
sobre mí llamada El Aguafiestas. He sido un aguafiestas
para el poder, porque el poder viene con muchas cosas desechables.